La era meiji en Japón comenzó como los comienzos de la modernidad y actualización de las prácticas ortodoxas que habían permanecido con los siglos. Su nombre es otorgado por el reinado del emperador Meiji desde el 23 de octubre de 1868 al 30 de julio de 1912.
Durante estos tiempos, muchos escritores como Mori Ōgai, autor de La Bailarina (Maihime, 1980) y Natsume Sōseki, autor de El corazón (Kokoro 心, 1914) sobresalieron por su influencia occidental en el contenido de sus historias. Ese intercambio cultural dado por las guerras, conflictos políticos y el préstamo de servicio militar japonés al extranjero, influyó mucho en la vivencias que buscaban plasmar, al igual que la innovación que buscaban implementando elementos de otros países. Sin embargo, hubo un personaje que obtuvo su fama con rapidez a través de los periódicos y que destacó por hacer algo que no era común: utilizar la influencia clásica de la era Heian para sus escritos.
En medios oficiales, usó el seudónimo de Ichiyō Higuchi, pero su nombre real era Natsuko Higuchi, nacida el 2 de mayo de 1872 en Tokio 東京.

¿Cómo fueron sus primeros años?
Sus padres eran agricultores, quienes emigraron desde la prefectura de Yamanashi a Edo 江戸 (actualmente Tokyo) para poder ascender socialmente, buscar mayores ingresos económicos y oportunidades cómodas que les permitieran acceder a una vivienda digna. Noriyoshi, padre de Natsuko, compró el puesto dōshin, funcionarios de bajo rango pertenecientes al periodo Edo, los mismos se concentraban en el distrito Hatchōbori. No obstante. el gobierno se disolvió al año siguiente dando por sentado el comienzo de la era Meiji, el puesto de Samurai del hombre le brindó la posibilidad de pertenecer al compendio de subordinados del Gobierno, cuyos beneficios eran los suficientes como para no preocuparse por el ingreso económico y el acceso a educación de prestigio.
Desde muy temprana edad demostró un talento innato en las habilidades de escritura y lectura, lo suficiente para que su propio padre la inscribiera en una academia importante de literatura llamada Haginoya. Si bien la instrucción profunda en materia del ámbito clásico perteneciente a la era Heian aportó ese carácter distintivo de su estilo, lo cierto era que las restricciones para las mujeres escritoras en ese momento dificultaba optar por una perspectiva occidental gracias a las limitaciones de viaje y acercamiento a Europa, por ejemplo. El lenguaje arcaico volvía de su prosa un reto para poder leer, al menos actualmente que se ha investigado sobre ella y es una influencia en los cimientos de la redacción artística japonesa.
Cabe destacar que su madre tenía una creencia muy arraigada a la epoca que implicaba la negación de estudios para las niñas, puesto que la Ichiyō y su hermana debían dedicarse a los labores del hogar, pero su padre defendió hasta el último momento el talento de su hija y no permitió que la restricción doméstica apagara su brillo.
En la academia, tuvo su primera inspiración que la ayudaría a sustentarse a través de sus escritos, siendo Tanabe Kaho con su novela Yabu no uguisu (el ruiseñor de la arboleda, 1888) y en 1889, con 17 años, queda con la responsabilidad de mantener su casa debido a la muerte de su padre y las múltiples deudas que dejó un negocio fallido que jamás vió la luz del día. Entre trabajos pequeños, casas de empeño y ofrecimiento de servicios de limpieza, intentó todo lo posible para salir adelante y llevar a la cima el mayor de sus sueños, convertirse en una escritora de renombre.

Pudo volverse aprendiz de un autor con fama suficiente para poder instruirse en el mercado, Nakarai Tōsui. Él la ayudó a publicar Yamizakura (Cerezos en la oscuridad, 1892), una tragedia romántica entre dos jóvenes. Además, Ichiyo sentía algo por su mentor, hecho que quedó registrado en un diario y tiempo después, se declaró. Lo cierto es que la relación se disolvió por petición popular, muchos le dijeron a la joven que eso le traería problemas a su reputación.

Los ejemplares eran ambientados en sitios donde ella había vivido, a la prueba está Takekurabe (Crecer, 1895), que su historia se desarrolla en el barrio Ryūsenji del distrito Shitaya o en sitios parecidos, como la bodega de Sake que estaba a unos pocos metros de su casa en Maruyama Fukuyama del distrito de Hongō.
Los tropos que eran abordados podían ser crudos para los lectores, pero sin lugar a dudas, representaban las vivencias de miles de mujeres de la clase baja y pobre, obligadas a subsistir en redes de prostitución. De esta manera, también ella buscó de abordar relaciones tóxicas con violencia intrafamiliar que eran una problemática común en la sociedad japonesa antigua

Quiso siempre reflejar no solo una parte de sí misma, sino de las vivencias ajenas, propias y experiencias diarias que nadie más se atrevía a contar por miedo o desinterés, tal vez. Incluso si falleció a una edad temprana, con 24 años de edad por una tuberculosis, sus 24 obras publicadas dejaron una huella en la historia que cimentó un camino que podía parecer confuso para todo aquel que quisiera tomar un enfoque distinto y realista.
A fin de cuentas, la literatura no es más que el espejo de las distintas poblaciones y de su constante evolución.
- Ichiyō Higuchi: Pionera de la literatura femenina en Japón - octubre 13, 2026
